sábado, 4 de junio de 2011

El Thriller de los Museos en Coro y en Mérida (en cuatro décadas cabalgadas entre dos siglos)

De la pubertad guardo recuerdos confusos y perturbadores. No era para menos: eran tiempos confusos y perturbadores en sí mismos. En la escena musical, se produjo un boom de experiencias novedosas y experimentos fallidos. Agradezco la capacidad que tenemos los seres humanos de olvidar, así me ahorré el arrastrar por la vida el recuerdo de canciones deplorables. La escena política internacional era el telón de fondo donde colapsaba el llamado comunismo real. Carl Marx pasó a ocupar lo archivos de profesores temerosos de sentir colapsar sobre sus cabezas el Muro de Berlín. La escena política y económica nacional pasó bruscamente de la Gran Venezuela, de los “ta’ barato, dame dos”, de los tiempos de las vacas gordas a los días lentos de las vacas flacas. Todo en menos de una década.

Los Museos también experimentaron esa montaña rusa política, económica y emocional. Mi experiencia vital de esos años se resume a dos paisajes: Coro y Mérida. Así que trataré de esos paisajes museísticos. En mis tiempos de estudiantes en la Universidad de Los Andes, asistí al cierre de colecciones de revistas que hasta entonces eran uno de los baluartes de la docencia en materia de historia del arte y museos. El argumento: falta de recursos. Y esta sentencia fue como un grillete que tuvimos que arrastrar los estudiantes de mi generación. El principio de un prolongado ciclo de deterioro. En aquellos tiempos aún se editaban catálogos para las exposiciones; cierto que cada vez tenían menos páginas, menos colores y desmejoraba la calidad de los materiales, pero aún se editaban. De aquellos días recuerdo parques y museos en Mérida que hoy están cerrados o catatónicos. Asimismo comenzó la caída libre de la calidad de vida de los profesionales en las universidades.
Parejamente, en aquellos dichosos años mozos visitaba en vacaciones las salas de los museos corianos: el Museo Diocesano, el Museo de Arte Coro, el Museo de Cerámica Histórica y Loza Popular, la Casa Museo de las Ventanas de Hierro. También había, lo recuerdo vagamente, Salones de Arte: Bienal de Arte Coro, Salón Cementos Caribe, Bienal de Arte Churuguara. Para continuar con la comparación estética y evocativa con aquellos años 80, podemos comparar la escena presente con el video de la célebre canción Thriller, donde las ruinas del cementerio son las actuales instalaciones donde disfuncionan los museos, Armando Gagliardi sería Michel Jackson y el personal mal pagado y desactualizado seríamos los zombis bailarines. Un clásico coreográfico de todos los tiempos.

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