viernes, 31 de octubre de 2014

J. M. Briceño Guerrero y la Palabra Eternidad


Decía Jean Cocteau que los poetas no mueren, sólo fingen dormir profundamente. J. M. Briceño Guerrero (entre otros nombres posibles, también conocido por el parónimo Jonuel Brigue) tuvo una muerte hermosa, según me contó su compañera de vida y pensamiento Jacqueline Clarac. Asistí a las clases magistrales de Briceño Guerrero, a quien yo llamaba furtivamente B. G.,  le traté amicalmente, recibí con agrado sus consejos (aunque no los aplicase) y me prodigó el inmenso honor de que leer algunas de mis líneas, porque todos tenemos el privilegio de leer las suyas. No puedo estar en este ocaso plomizo y púrpura en Mérida, entre los perfiles obscuros y gélidos de la Sierra Nevada, acompañando con mi dolor el dolor de los amigos. Pienso en la serena entereza de Sócrates al vaciar el cáliz de  veneno, en la Elegía de Miguel Hernández a la muerte de Ramón Sijé, en el mensaje de despedida que Isaac J. Pardo escribió para Miguel Otero Silva, en la ceremonia fúnebre ante la muerte de una cigarra y en un verso de Dylan Thomas: “como una puntual muerte hacemos tintinear las estrellas.” Son estas líneas harapientas el gesto seco de la pena, una desgarradura silenciosa, la lágrima cautiva en el cerco de los ojos, cenizas con ansias de incendio.
En la obra escrita de J. M. Briceño Guerrero convergen la poética, la ética y la estética como fuentes que dan origen al portentoso río de la palabra. Desde ¿Qué es la Filosofía? (1962) hasta Para ti, me Cuento a China (2009), que son los extremos editoriales de mi inconclusa colección de sus obras, pasando por esa cumbre de autoconciencia temprana que es El Origen del Lenguaje (1970), Briceño Guerrero se sabe esencialmente hecho de la sustancia misma de las palabras. Evidentemente respira, ama, observa, piensa, siente, encuentra, goza, se sorprende y lo sorprenden, pero para que esta variedad de experiencias vitales puedan ser, deben ser palabras: “Desde siempre la experiencia vivida en la palabra me pareció más real que el contacto directo con las cosas. No sentí al lenguaje como representante del mundo que los sentidos me entregaban, ni como camino hacia él, sino como ámbito de una realidad más fuerte y cercana a mí. No sólo lo que yo percibía, también todo lo que hacía y sentía mostraba signos dolorosos y grises de inferioridad y exilio en contraste con la plenitud verbal. Todos los seres eran para mí aspirantes obscuros a una dignidad que sólo la palabra podía darles y hasta su débil existencia provenía de sus nombres; una existencia prestada, pues el centro de gravedad y de prestigio se mantenía en los nombres.”
En El Laberinto de los Tres Minotauros (1994) convergen tres obras quintaesénciales en las que Briceño Guerrero aborda los discursos que han dominado la historia y el pensamiento latinoamericano. En la Identificación Americana con la Europa Segunda (1977), El Discurso Salvaje (1980) y Europa y América en el Pensar Mantuano (1981), Briceño Guerrero vivisecciona los tres discursos siempre presentes, diversos y antagónicos en la producción intelectual, la acción política, los programas institucionales y las actitudes emocionales en Latinoamérica: El discurso europeo segundo, importado desde fines del     s. XIX, que resume las ideas del racionalismo, la ilustración y la utopía social. El discurso mantuano, cristiano e hispánico, que gobierna la conducta individual, las relaciones familiares y las nociones de felicidad, honor y dignidad. El discurso salvaje que se manifiesta en nuestras más íntimas emociones y socaba a los otros dos con el sentido del humor, la embriaguez y un secreto y absoluto rechazo por todo.
En este momento abro con pesar Amor y Terror de las Palabras y en un fúnebre homenaje leo en voz alta: “En palabras fui engendrado y parido, con palabras me amamantó mi madre. Nada me dio sin palabras. Cuando yo comencé a preguntar ¿qué es eso? No pedía la ubicación de una percepción en un concepto; pedía la palabra que abrigaba y sostenía aquella cosa, para sacarla de la orfandad, para arrancarla de la precaria existencia suministrada por la palabra cosa, indiferente y perezosa madrasta, y restituirla a su hogar legítimo, su nombre, en el mundo firme de mi lengua.” Esta noche J. M. Briceño Guerrero y Jonuel Brigue deletrean la palabra Eternidad  y la conjugan como un verbo, rastrean su origen hasta el principio de los tiempos.
Solitario en mi biblioteca abro un libro y recito la declaración de Dylan Thomas venciendo a la muerte:
“Y la muerte no tendrá poder.
Los hombres desnudos han de ser un solo
con el hombre en el viento y la Luna poniente;
cuando sus huesos queden limpios y los limpios huesos se dispersen,
ellos tendrán estrellas en el codo y en el pie;
aunque se vuelvan locos serán cuerdos,
aunque se hundan en el mar de nuevo surgirán,
aunque se pierdan los amantes, no se perderá el amor;
y la muerte no tendrá poder.”

La Persecución del Barro


Cuando Coro y La Vela ingresaron en la lista de Patrimonio Mundial una de las razones más importantes para esta decisión de la UNESCO fue sus técnicas constructivas. Lo que significa que las construcciones de tierra deben ser respetadas. Sin embargo a partir de 1993 decenas de casas de barro han sido destruidas en Coro y en La Vela.
No se ha tomado conciencia de la importancia de la construcción con tierra y de su valor histórico. Para aquellos que defienden el patrimonio intangible deben recordar que las técnicas de construcción con tierra son patrimonio intangible también, independientemente de las casas.
Sin embargo hay en muchas personas un desprecio a la construcción con tierra y un gran respeto a la construcción con cemento, como el mayor y más seguro invento en materia de construcción. No recuerdan que mientras las técnicas constructivas de tierra tienen más de 10,000 años de existencias, las de cemento no llegan a doscientos años.
Con las lluvias de estos últimos días se ha desatado una persecución incomprensible a las casas de barro, asusta ver como se refieren a ellas con desprecio algunos locutores  y directores de programas de las televisoras locales, como también mucha gente del público.
Hay factores que hay que tomar en cuenta antes de criticar: no existe una política para la defensa del  patrimonio, los bancos no dan créditos a las casas de barro. A pesar de que el Estado ha asignado grandes sumas para el patrimonio, no se han desarrollado o ejecutado acciones con  ese dinero para salvarlo y no se han dado explicaciones  del destino del mismo.
El resultado es que como se han caído casas de barro a consecuencia de los constantes aguaceros se ha tomado esto como excusa para derribar muchas casas salvables aun, para colmo la utilización de maquinas pesadas para derribarlas daña a las casas vecinas. Hay que ser muy cuidadoso para sacar los escombros de las casas caídas sobre todo si las casas vecinas son también de tierra.
El boletín de Arquitectura de México de fecha del 29 de octubre de este año trae un artículo titulado: El futuro de la arquitectura está en los materiales tradicionales, donde dice: “los severos cambios climáticos que ha experimentado el planeta en los últimos años, han promovido que muchos de los profesionales de la arquitectura y la construcción dirijan su atención hacia las técnicas y materiales constructivos tradicionales, pues se ha comprobado que son mucho más respetuosos con la ecología y que incluso pueden ayudar a mejorar las condiciones ambientales.”
 “Debido a lo anterior, cada vez con mayor frecuencia podemos encontrar propuestas arquitectónicas resueltas a partir de modelos, técnicas y materiales ancestrales estrechamente relacionados con el medio ambiente que, hasta hace algunos años, se encontraban guardadas en el baúl de los recuerdos.”
De esta forma, han reaparecido en el escenario de la arquitectura los muros de bahareque, los repellados de cal y arcilla, el adobe y muchos otros materiales que los constructores de la era de la máquina dejaron atrás, favoreciendo lo artificial y todo lo que ostentara una imagen fabril que simbolizara el progreso económico.”
Y aquí, quienes se consideran estar siguiendo los lineamientos del más puro modernismo, quieren destruir lo que probablemente será la arquitectura del futuro y sacrifican de manera indiscriminada nuestro patrimonio violando el artículo 99 de nuestra constitución  bolivariana, la ley de patrimonio de Venezuela y la ley orgánica de la Convención del Patrimonio Cultural y Natural Mundial aprobada por el Congreso Nacional en 1990.
Ana María Reyes

Paulo Freire: la Educación como Práctica de la Libertad.

Breve Reseña Biografía
Hijo de una familia de clase media de Recife, Brasil, nació el 19 de septiembre de 1921. Freire conoció la pobreza y el hambre durante la Gran Depresión de 1929, una experiencia que formaría sus preocupaciones por los pobres y que le ayudaría a construir su perspectiva educativa. Freire se matriculó en la Universidad de Recife en 1943, en la Facultad de Derecho, donde estudió filosofía y psicología del lenguaje al mismo tiempo. Se incorporó en la burocracia legal pero nunca practicó la abogacía, sino que prefirió dar clases de portugués en secundaria. En 1944 se casó con Elza Maia Costa de Oliveira, que era profesora de primaria. Tuvieron cinco hijos y colaboraron por el resto de su vida.
En 1946 Freire fue nombrado Director del Departamento de Educación y Cultura del Servicio Social en el estado de Pernambuco, estado del que su ciudad natal es capital. Trabajando principalmente entre los pobres que no sabían leer ni escribir, Freire empezó a adoptar un método no ortodoxo de lo que puede ser considerado una variación de la teología de la liberación. En esa época, leer y escribir era un requisito para votar en las elecciones presidenciales brasileñas.
En 1961 fue nombrado director del Departamento de Extensión Cultural de la Universidad de Recife, y en 1962 tuvo la primera oportunidad de aplicar de manera significativa sus teorías, cuando se les enseñó a leer y escribir a 300 trabajadores de plantíos de caña de azúcar en tan solo 45 días. En respuesta a estos buenos resultados, el gobierno brasileño aprobó la creación de miles de Círculos Culturales en todo el país.
En 1964 un golpe de estado militar puso fin al proyecto. Freire fue encarcelado durante 70 días. Tras un breve exilio en Bolivia, Freire trabajó en Chile durante cinco años para el Movimiento Demócrata Cristiano por la Reforma Agraria, y la Organización para la Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas.
En 1967 Freire publicó su primer libro, Educación como Práctica de la libertad. El libro fue bien recibido, y se le ofreció el puesto de profesor visitante en la Universidad de Harvard en 1969. En 1968 escribió su famoso libro La pedagogía del oprimido, que fue publicado en inglés y en español en 1970. Debido al conflicto político entre las sucesivas dictaduras militares autoritarias y el Freire socialista cristiano, el libro no fue publicado en Brasil hasta 1974, cuando el general Ernesto Geisel tomó control de Brasil e inició su proceso de liberación cultural.

Ideas Fundamentales
Freire llamó educación bancaria a aquella que nos aleja de la comprensión de nuestras circunstancias sociales, y que genera la pasividad y el fatalismo en los sujetos. Esto ocurre debido a una escuela concebida según una relación unidireccional en la que uno enseña y otro aprende, sin que los roles cambien. Se adquiere entonces la falsa idea de que hay sabios absolutos e ignorantes también absolutos.
La educación liberadora es un proceso de concientización de la condición social del individuo, que la adquiere mediante el análisis crítico y reflexivo del mundo que la rodea. Se trata de una forma de entender la educación que se ubica en una horizontalidad de las relaciones humanas, y que, por tanto, implica el diálogo y la continua reflexión acerca de la propia realidad a lo largo del proceso educativo. Se considera liberación porque pretende una suerte de reencuentro de los seres humanos con su dignidad de creadores y participantes activos en la cultura que los configura. En este análisis, se buscan las causas que inciden en un estado determinado de la cultura, y se detectan las inercias y fuerzas que impiden la expresión y realización de las personas. Se dice, entonces, que la persona en cuestión ha tomado conciencia, o se ha concientizado. Es importante resaltar que esto jamás puede ser producto de un adoctrinamiento o manipulación por parte de otros, sino que el sujeto debe hallar por sí mismo su camino en la vida.

Apuntes Esenciales
ü  Paulo Freire (1921-1997)
ü  Educación como Práctica de la Libertad (1967).
ü  La Pedagogía del Oprimido (1968).
      En 1961, desde el Departamento de Extensión Cultural de la Universidad de Recife, crea los Círculos Culturales enseñando a leer y a escribir a 300 campesinos en 45 días. 
      Liberación de la “pedagogía bancaria” que es aquella que nos aleja de la comprensión de nuestras circunstancias sociales, y que genera la pasividad y el fatalismo.
      Pedagogía de la Liberación: movimiento educativo que pasa por el proceso de concientización de la condición social del individuo a través del análisis crítico y la reflexión. Un ideario caracterizado por un socialismo cristiano.
      “Mi visión de la alfabetización va más allá del ba, be, bi, bo, bu, porque implica una comprensión crítica de la realidad social, política y económica en la que está el alfabetizado.”
      Alfabetizarse no es aprender a repetir palabras, sino a decir su palabra.
      La cultura no es atributo exclusivo de la burguesía. Los llamados "ignorantes" son hombres y mujeres cultos a los que se les ha negado el derecho de expresarse y por ello son sometidos a vivir en una "cultura del silencio"
      Solo educadores autoritarios niegan la solidaridad entre el acto de educar y el acto de ser educados por los educandos
      “Enseñar exige respeto a los saberes de los educandos.”

Liderazgo y Proceso de Enseñanza Aprendizaje

Leo en un simpático ensayo titulado Las Doce Destrezas de la Resolución de Conflictos: “La respuesta creativa a un conflicto se trata de cambiar problemas a posibilidades. Se trata de conscientemente escoger buscar lo que se puede hacer, en vez de quedarse con cuán terrible es todo. Se busca afirmar que vas a escoger extraer lo mejor de la situación. Nuestras actitudes colorean nuestros pensamientos. Usualmente no nos damos cuenta de cómo moldean la forma en que vemos el mundo. Dos actitudes dramáticamente opuestas en la vida son “Perfección” versus “Descubrimiento”. Vamos a llamarlas “sombreros de actitud.” ¿Con cuál sombrero te vistes todos los días? ¿Ves las dificultades como problemas o como retos? El sombrero de la perfección dice: “¿Es esto suficientemente bueno?” (¡Usualmente no!) “¿Esto llena mis expectativas impecablemente altas?” El sombrero del descubrimiento dice: “¡Qué fascinante! ¿Cuáles son las posibilidades aquí?” ¿En qué piensa nuestra mente bajo nuestro sombrero de perfección? ¿Bien o mal? ¿Estoy a la altura? La vida es una lucha. Los errores son inaceptables. Juicio. Creencias estáticas sobre lo que es apropiado. ¡Fracaso! ¿Estás tú a la altura? La vida es trabajo duro. Tengo que estar correcto. Acusar. ¡No tomes riesgos!”
Con lo anterior en perspectiva, revisemos la oposición propuesta por Paulo Freire entre educación bancaria y educación liberadora.  Freire llamó educación bancaria a aquella que nos aleja de la comprensión de nuestras circunstancias sociales, y que genera la pasividad y el fatalismo en los sujetos. Esto ocurre debido a una escuela concebida según una relación unidireccional en la que uno enseña y otro aprende, sin que los roles cambien. Se adquiere entonces la falsa idea de que hay sabios absolutos e ignorantes también absolutos.  La educación liberadora es un proceso de concientización de la condición social del individuo, que la adquiere mediante el análisis crítico y reflexivo del mundo que la rodea. Se trata de una forma de entender la educación que se ubica en una horizontalidad de las relaciones humanas, y que, por tanto, implica el diálogo y la continua reflexión acerca de la propia realidad a lo largo del proceso educativo. Se considera liberación porque pretende una suerte de reencuentro de los seres humanos con su dignidad de creadores y participantes activos en la cultura que los configura. En este análisis, se buscan las causas que inciden en un estado determinado de la cultura, y se detectan las inercias y fuerzas que impiden la expresión y realización de las personas. Se dice, entonces, que la persona en cuestión ha tomado conciencia, o se ha concientizado. Es importante resaltar que esto jamás puede ser producto de un adoctrinamiento o manipulación por parte de otros, sino que el sujeto debe hallar por sí mismo su camino en la vida. Solo educadores autoritarios niegan la solidaridad entre el acto de educar y el acto de ser educados por los educandos. “Enseñar exige respeto a los saberes de los educandos”, afirma Freire. El respeto por las ideas y los saberes del otro es un instrumento en la resolución de conflictos.
Desde el punto de vista de la resolución de conflictos, un diálogo es una conversación motivada por una búsqueda de entendimiento. Tiene como objetivo prioritario informar y aprender, más que buscar acuerdos concretos o soluciones.
Tal como lo consideramos y lo practicamos, el diálogo es un elemento distinto del debate.
El dialogo requiere: romper estereotipos, disponibilidad para escuchar y aprender de los puntos de vista de la “otra persona” y disponibilidad para abrirse a nuevas ideas. Un buen diálogo ofrece a las personas que participan la oportunidad de: Escuchar y ser escuchadas, de modo que las personas que hablan puedan ser oídas. Hablar y dejar que le hablen de manera respetuosa. Desarrollar y profundizar en el entendimiento mutuo. Conocer la perspectiva de las otras personas y reflexionar sobre nuestros propios puntos de vista.
El diálogo es un proceso de comunicación que tiene como objetivo la construcción de significados comunes entre personas. La empatía trata de la conexión y apertura entre las personas. La mejor manera de desarrollar empatía es haciendo sentir a la otra persona que es comprendida. Esto significa escuchar activamente.

El Liderazgo y la Elección de la Paz

Leemos en el Génesis: “El Señor dijo: –¿Por qué has hecho esto? La sangre de tu hermano, que has derramado en la tierra, me pide a gritos que yo haga justicia.” Caín, fratricida y renegado, fue marcado por el Señor con una señal y la promesa que si alguien le matase, sería vengado siete veces. Caín fundo la primera ciudad y tuvo hijos e hijas; uno de sus descendientes fue Lámec. “Un día Lámec les dijo a sus esposas Adá y Silá: Escuchen bien lo que les digo: he matado a un hombre por herirme, a un muchacho por golpearme. Si a Caín lo vengarán siete veces, a mí tendrán que vengarme setenta y siete veces.” Según los exegetas, el canto de Lámec –así le llaman– expresa la arrogancia del hombre que responde a la mínima ofensa con venganza desproporcionada. El número setenta y siete (once veces siete, el número de la plenitud) indica que se lleva la venganza a su último extremo.

 Decía Sorel: “La violencia es la partera de la historia”. La violencia histórica puede surgir de dos fuentes distintas empero complementarias: la arrogancia y la desesperación. La arrogancia de los opresores. La desesperación de los oprimidos. La violencia tiene fundamentos biológicos y yace en los sótanos de nuestra herencia evolutiva. La territorialidad, asociada al cerebro reptiliano, explica parcialmente las guerras de conquista, las fronteras nacionales y la sectorización de los espacios urbanos. La neocorteza cerebral está asociada a los atributos que distinguen a los mamíferos: la sociabilidad, la empatía, la inteligencia, el lenguaje. Los seres humanos hemos desplazado nuestro centro de gravedad evolutivo de la biología a la historia y la sociología, pero no hemos renunciado a nuestras raíces remotas. Esta lucha interna y externa ha sido tema de la mitología, la religión, la filosofía, el arte y la ciencia, con distinta proporción de optimismo o pesimismo.

Podemos ser nihilistas y asumir una pose escéptica ante las posibilidades de la paz. O podemos ser portadores del mensaje universal que Mahatma Gandhi, Krishnamurti, Martin Luther King,  John Lennon o Carl Sagan legaran a la humanidad. Gandhi actuó en política de tal modo que “pudiera mirar a Dios cara a cara, para alcanzar el moksha [salvación]”. El reverendo King declaró: “De mi formación cristiana he obtenido mis ideales y de Gandhi la técnica de la acción.” Enseñaba Krishnamurti que “sólo puede haber paz y felicidad en el mundo cuando el individuo –que es el mundo– se consagra definitivamente a alterar las causas que dentro de él mismo producen confusión, sufrimiento, odio.” Lennon cantó para que diéramos una oportunidad a la paz. Cuando Sagan vio el planeta Tierra desde los límites del sistema solar, como una mota de polvo suspendida en un rayo de sol, escribió sobre ese pequeño punto: “Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amablemente, y de preservar el pálido punto azul, el único hogar que jamás hemos conocido.”

En Metrópolis, la ciudad de la utopía del futuro, heredera de la aquella ciudad fundada por Caín, –tanto en la novela utópica de Thea von Harbou como en la película clásica de Fritz Lang–, un mensaje se impone de principio a fin: “Entre el cerebro y el musculo debe mediar el corazón.”

Como historiador anarquista, defino la condición humana por la posibilidad de elegir, de optar, o dicho en términos de la religión y la filosofía: el libre albedrío. Los conflictos sociales ofrecen una encrucijada: la violencia o la paz. Una señal de inteligencia es la libertad de elegir la paz.  

II
 “Yo establezco diferencia entre la sabiduría de la vejez y la genialidad de la juventud; la primera sólo puede apreciarse por su carácter más bien minucioso y previsor, como resultado de las experiencias de una larga vida, en tanto que la segunda se caracteriza por una inagotable fecundidad en pensamientos e ideas que, por su amplitud, no son susceptibles de elaboración inmediata. Esas ideas y esos pensamientos permiten la concepción de futuros proyectos y dan los materiales de construcción, entre los cuales la sesuda vejez toma los elementos y los forja para llevar a cabo la obra, siempre que la llamada sabiduría de la vejez no haya ahogado la genialidad de la juventud.” Con estas palabras Adolf Hitler traza una línea divisoria entre las promesas de la juventud y los recursos de la vejez. Esta frontera es importante porque marca un límite que separa lo que puede llegar a ser y lo que no. Y en el pensamiento de Hitler en esta línea se yergue el líder, el caudillo.

“Bien sé que la viva voz gana más fácilmente las voluntades que la palabra escrita y que, asimismo, el progreso de todo Movimiento trascendental en el mundo se ha debido, generalmente, más a grandes oradores que a grandes escritores”, son  palabras de  Hitler en el Prólogo de Mi Lucha. En esas páginas autobiográficas y doctrinarias, nos dice de sus días de infancia: “Creo que ya entonces mis dotes oratorias se ejercitaban en altercados más o menos violentos con mis condiscípulos. Me había hecho un pequeño caudillo, que aprendía bien y con facilidad en la escuela, pero que se dejaba tratar difícilmente.”

Biógrafos e historiadores concuerdan en que el acontecimiento que dio forma a las ideas y a la personalidad de Hitler fue la Primera Guerra Mundial, nos dice Hitler en Mein Kampf: “Muchos años pasaron desde entonces, y aquello que antaño, cuando todavía muchacho, me parecía mórbido, lo comprendía ahora como la calma antes de la tempestad. Ya desde mi época en Viena se sentía sobre los Balcanes una atmósfera pesada, preludio de tempestad, y cuando centelleos más claros rasgaban el cielo, éstos se perdían entre las tinieblas siniestras. En seguida, llegó la Guerra de los Balcanes, y, con ella, el primer temporal azotó a Europa, ahora nerviosa ya. La época siguiente influyó como una pesadilla sobre los hombres. El ambiente estaba tan cargado que, en virtud de malestar que a todos afligía, la catástrofe que se aproximaba llegó a ser deseada. ¡Que los cielos diesen libre curso al Destino, ya que no había barreras que lo detuviesen! Cayó entonces el primer rayo formidable sobre la Tierra; la tempestad se desencadenó, y a los truenos del cielo se unieron las baterías de la Guerra Mundial.”

La historia puede ser irónica: en una entrevista publicada en Le Matín decía Hitler en noviembre de 1933 a propósito del espíritu bélico que se le atribuía: “En Europa no existe un solo caso de conflicto que justifique una guerra. Todo es susceptible de arreglo entre los gobiernos, si es que éstos tienen conciencia de su honor y de su responsabilidad. Me ofenden los que propalan que quiero la guerra. ¿Soy loco acaso? ¿Guerra? Una nueva guerra nada solucionaría y no haría más que empeorar la situación mundial: significaría el fin de las razas europeas y, en el transcurso del tiempo, el predominio del Asia en nuestro Continente y el triunfo del bolchevismo. Por otra parte, ¿cómo podría yo desear la guerra cuando sobre nosotros pesan aún las consecuencias de la última, las cuales se dejarán sentir todavía durante 30 ó 40 años más? No pienso sólo en el presente, ¡pienso en el porvenir! Tengo una inmensa labor de política interior a realizar. Ahora estamos afrontando la miseria. Ya hemos conseguido detener el aumento del número de desocupados; pero aspiro a hacer todavía mucho más. Y para lograr esto, necesito largos años de trabajo arduo. ¿Cómo ha de creerse, entonces, que yo mismo quiera destruir mi obra mediante una guerra?”
III
En el otro extremo del espectro político y filosófico, Martin Luther King nos dice: “si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol” o “si ayudo a una sola persona a tener esperanza, no habré vivido en vano”, palabras que enmarcaron la vida de uno de los más grandes defensores de los derechos civiles. Ya durante sus épocas de estudiante se sentiría apegado al pensamiento de Mahatma Gandhi, que se convertiría luego en su propia filosofía de protesta no violenta.

La fortaleza de la verdad (satyagraha) guió los rumbos de Gandhi tanto durante sus primeras luchas en África del Sur como en toda la epopeya emancipadora de la india, a la par de la no violencia (ahimsa). Su proyecto era la autonomía socio-político-económico-cultural (swaraj, o libertad). Pero fue todavía más lejos y bautizó su enorme desafío justiciero, su movimiento de multitudes, como sarvodaya. Un sinónimo de “bienestar para todos”. Este otro término por él inventado unía dos palabras sánscritas: sarva (que significa "todo") y udaya (que quiere decir “elevamiento”, bienestar o prosperidad). Decía: “Se trata de valores humanos, de un desarrollo individual siempre consistente con su uso para el desarrollo de la sociedad; la promoción del altruismo en el grado más elevado; la integración del individuo con la sociedad; el elevamiento de la sociedad humana entera hacia el plano más alto de la existencia donde el amor y el trato limpio jueguen papeles cruciales: tales son las características predominantes de sarvodaya.” Muchos de los que suelen denominarse hoy “no violentos” en las tribunas proselitistas, ni siquiera conocen los desafíos profundos de ese ideal. Un estadounidense, David Henry Thoreau, y un ruso, león Tolstoi, fueron importantes inspiradores de la monumental tarea emprendida por Gandhi en su amor, su devoción y su entrega a la causa de la justicia suprema.

En el Discurso durante la marcha a Washington por trabajos y por la libertad, Luther King dijo: “Yo tengo un sueño que un día los pequeños negros, niños y niñas, podrán unir las manos con pequeños blancos, niños y niñas, como hermanos y hermanas. Y cuando esto pase y cuando dejemos resonar la libertad, cuando la dejemos resonar de cada aldea y cada caserío, de cada estado y cada ciudad, podemos apurar el día en que todos los hijos de Dios, hombre negro y hombre blanco, judíos y cristianos, protestantes y católicos, podemos unir nuestras manos y cantar en las palabras del viejo espiritual negro: “Libre al Fin, Libre al Fin; Gracias Dios Omnipotente, somos libres al fin.”

Mgs. Sc. Camilo Morón

lunes, 20 de octubre de 2014

Vida Literaria


La vida literaria es en cualquier parte muy difícil, muy áspera, cuando se es intelectualmente responsable y se es de veras escritor. Si uno toma a la literatura como la fácil posibilidad de escribir un libro o un poema y después ser llamado para siempre “poeta” o “escritor”, entonces la vida literaria no tiene más dificultad que la que ofrece la vida misma en general, pero si se trata a la literatura como destino; si se es poeta desde los pies al cráneo y se afrenta la vida con toda la sensibilidad posible hacia ella, entonces la literatura es densamente cruel, y sus satisfacciones no pasan de ser bravísimos destellos solos en el alma, hacia adentro. Ser verdadero es duro, y trabajar deja solos. A la verdadera, la única soledad que existe no se la busca. Apenas uno es cierto y profundo, apenas uno arremete con su trabajo contra la mediocridad circundante, la soledad viene, como llamada por un imán.
La caterva de los “acompañados” —los compadres— se perdonan ese tipo de soledad que viene sola al ser que trabaja y escribe y se esfuerza. ¿Cómo le van a perdonar los que viven de su pequeño nombre parroquial, de su fama, a los que viven de escribir sin importarles que su nombre se aviente, que trabajan? Es una afrenta a su mediocridad, un insulto casi directo a su anonimato espiritual, a su desidia, a su falsedad humana.
….
Por eso decía que la vida literaria es difícil especialmente en los lugares en los que abundan los escritores que no escriben. Guardo en mi corazón las excepciones, pero éstas no hacen sino confirmar la espantosa regla general. Resultado de eso es que a esas excepciones les digan que “escriben demasiado”, cuando en realidad hacen lo que deben hacer: escribir. ¿Quién le reprochará a un carpintero que haga muebles? ¿Quién le reprochará al pintor que pinte? ¿Y quién, en definitiva, tiene el menor derecho a reprocharle a un escritor que escriba?

Ludovico Silva

viernes, 17 de octubre de 2014

Los Cucuyos en La Historia del Nuevo Mundo de Pedro Mártir de Angleria

Cucuyos los llama Pedro Mártir de Angleria. Cocuyos les hemos llamado desde la infancia en la antigua sierra de los Jiraharas. Zoónimo indígena. El nombre científico del género es Pyrophorus significa: el que porta el fuego.

Pedro Mártir de Angleria, (C. 1455-1526), nace en Arona, muere en España. Formado en Roma, se traslada a la Península en 1487; estuvo como soldado en la pérdida de Granada por los moros, luego se ordenará de sacerdote, predicador, capellán de la Reina, consultor y finalmente Cronista de Indias. Conoció personalmente a los protagonistas del momento y estuvo en contacto con los documentos y las relaciones escritas. Redactó también obras de historia, pero su labor más difundida y permanente queda en la Historia del Nuevo Mundo o también las Décadas, escritas en latín y traducidas en Madrid (1892).

El que advierte que tiene en su casa estos tan malos huéspedes (como son los mosquitos) o teme que se le entren, procura coger cucuyos, a los que engaña con esta industria inventada por la admirable maestra la necesidad. El que necesita cucuyos, sale de casa en el primer crepúsculo de la noche llevando en la mano un tizón encendido; se sube a cualquier altura próxima donde puedan verle los cucuyos, y, llamándolos a voces, da vueltas al tizón gritando fuerte: cucuyo, cucuyo. Piensan sencillamente algunos que, gustándoles el sonido de la voz que les llama, acuden volando los cucuyos; más yo creo que van al resplandor del tizón porque a cualquier luz acude un enjambre de mosquitos, que los cucuyos se comen en el aire mismo, como los vencejos y las golondrinas.

Cuando ha venido el deseado número de cucuyos, el cazador suelta de la mano el tizón: a veces algún cucuyo se va tras el tizón y se deja caer al suelo. Entonces puede cogerle fácilmente el que lo necesita, como el caminante coge al escarabajo cuando lleva cerrada la cáscara. Otros niegan que suelan cogerse así los cucuyos, sino que dicen que los que van a cazarlos tienen preparadas unas ramas muy frondosas, o anchas telas con las que le pegan al cucuyo cuando va volando alrededor, y le echan al suelo, donde caído está torpe y se deja coger, o, según otros dicen, cuando se deja caer, échanle encima la dicha rama frondosa o la tela y le cogen.

Como quiera que sea, el que ha ido a cazar al cucuyo, cuando ha cogido a este cazador se vuelve a su casa, y cerrando la portezuela de ella le suelta. El cucuyo, volando precipitadamente, da vuelta a la casa en busca de mosquitos; debajo de las camas colgadizas y en torno de la cara de los que duermen, que suelen atacarla los mosquitos, parece que está de guardia para que puedan dormir los allí encerrados.
Otra ventaja útil y graciosa proviene de los cucuyos. Cuantos ojos abre cada cucuyo, tantas luces disfruta su huésped. A la luz del cucuyo, que va revoloteando, hilan, cosen y tejen los indígenas y tienen sus danzas: éstos creen que le gustan las armonías de los que cantan, y que él también ejecuta en el aire los movimientos de los que bailan; pero es que él, siguiendo las varias vueltas de los mosquitos, por necesidad describe muchos círculos volando arrebatadamente por comer. También los nuestros leen y escriben a la luz, que brilla siempre en el cucuyo mientras tiene aquélla su regalada vianda; pero en habiendo apurado los mosquitos, o ahuyentándose ellos, él comienza a tener hambre y su luz va faltando; por eso, cuando observan ésto, abriéndole la portezuela, le dejan ir libre para que se busque la comida.

Otra ventaja maravillosa se saca del cucuyo. Los isleños enviados de noche por los nuestros, caminan más a gusto atándose dos cucuyos en los pulgares de los pies; guiándose por su luz, andan tan bien como si llevaran consigo tantas candelas cuantas luces llevan descubiertas los cucuyos, y aun toman otro en la mano para buscar uthias de noche. Son las uthias cierta clase de conejos poco mayores que los ratones, y eran el único cuadrúpedo que conocían y comían hasta que llegaron los nuestros.

También pescan a la luz de los cucuyos, a la cual arte se dedican muchísimo, ejercitándose desde niños: de modo que al uno y al otro sexo lo mismo les da nadar que andar por tierra. Y no es esto maravilla si se tiene en cuenta el parto de las mujeres, que cuando conocen que se cumple el tiempo de dar a luz se salen al bosque vecino, y allí, agarrando con ambas manos las ramas de algún árbol, paren sin auxilio de ninguna comadre; y corriendo, la misma madre lleva en brazos la criatura al próximo río. Allí, una y otra vez, ella misma se lava y lava al hijo, y lo restrega y le sumerge, y se vuelve a casa sin quejarse, sin hacer ruido, y le da de mamar. Después todos los días, según costumbre, se lavan muchas veces y lavan al hijo. Esto lo hacen todas de igual manera. No falta quien diga que en algunas partes las que van a parir se van a donde hay agua, y allí esperan el parto, poniéndose en disposición (cruribus apertis) para que caiga al agua. Cuéntase por muchos cosas varias respecto a esto.

Fuente: Historia Real y Fantástica del Nuevo Mundo. Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1992.