domingo, 13 de diciembre de 2015

Para Recordar a Manuel Caballero

En memoria del historiador venezolano Manuel Caballero,  comparto con Uds. un recuerdo:

Cuando era un joven estudiante de Historia en la Universidad de Los Andes, tuve la buena fortuna de conversar fugazmente con Manuel Caballero en uno de los pasillos de la Facultad de Humanidades y Educación. Entonces -y ahora-, estaba literalmente fascinado por su libro Gómez, el Tirano Liberal

Como el escritor cachorro que era yo entonces, pregunté a Caballero cómo escribía sus libros, si tenía algún sistema.

Con transparencia digna del autor que fue,  me dijo que no, que no había ningún sistema, que se trataba de un proceso pasional, con largas pausas, sujeto al azar…

Eso es o puede ser cierto en lo referente a la escritura, al oficio de escribir para vivir y vivir para escribir;  pero es evidente (para quienes le admiramos ayer, hoy y mañana) que no es así en cuanto a la investigación y la reflexión.

En la nota a la tercera edición de Gómez, el Tirano Liberal, Caballero escribe en las líneas iniciales: “Pedí a mis amigos que me leyesen como si fuesen mis peores enemigos.” 

Y concluye: “Pienso como el historiador inglés A. J. P. Taylor, que a menudo el error puede ser fecundo, pero que la perfección siempre es estéril.”

El 12 de diciembre de 2010, viajaba de Caracas a Coro; venía de recibir no sé qué premio en metálico por un libro y como alguna vez recitó Don José Alfredo Jiménez en Gracias, su eterna canción de despedida: “el dinero..., pos no sé ni por dónde lo tiré”.  Estaba en Tucacas, frente al “cobalto del Caribe”, como bellamente le describió el poeta  cantor Alí Primera.  Me enteré por radio de la muerte de Manuel Caballero. Y mirando fijamente la mar, pensé en los versos inmortales de Jorge Manrique en las Coplas por la Muerte de su Padre:

Recuerde el alma dormida,         
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte            
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,            
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,                          
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar            
lo que espera,
más que duró lo que vio
porque todo ha de pasar
por tal manera.

Nuestras vidas son los ríos       
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;                         
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos,
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos       
y los ricos.

sábado, 5 de diciembre de 2015

ONU: La Condena a Muerte del Poeta Palestino Ashraf Fayad es Ilegal

Expertos de derechos humanos de la ONU han pedido a Arabia Saudí que anule la condena a muerte del poeta palestino Ashraf Fayad, decisión que califican como “arbitraria e ilegal”.
En un comunicado conjunto emitido este jueves, David Kaye, relator especial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre la libertad de expresión; Christof Heyns, relator especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias; y otros cuatro investigadores independientes del ente internacional instan a Riad a anular la sentencia a muerte de Fayad, que, en su opinión, será "una ejecución arbitraria y por lo tanto ilegal", basada en pruebas poco fiables.
Los expertos precisan que la sentencia a muerte del poeta palestino está basada en testimonios falsos de un solo testigo, quien afirma que oyó comentarios blasfemos de Fayad pronunciados en un café.
Además, los funcionarios cuestionan el proceso judicial al que fue sometido Fayad, ya que este no tuvo acceso a ningún abogado durante el proceso judicial, lo que infringe las normas internacionalmente aceptadas.
“Está a punto de ser ejecutado, tras un juicio injusto, por una sentencia basada en indicios aparentemente poco fiables sobre el uso por él de su libertad de expresión", advierte Kaye.
A juicio del relator, la promoción de “una respuesta tan violenta a una forma legítima de opinión y de expresión tiene efectos negativos espeluznantes para toda la sociedad saudí.”


Arabia Saudí Ordena la Ejecución del Poeta Palestino Ashraf Fayad por Renegar del Islam

Fayad ha sido condenado a muerte por un tribunal de Arabia Saudí por apostasía —es decir, negación del Islam—, cargo que el autor ha desmentido de manera categórica.

La verdadera causa parece ser la crítica que encierra su libro Instrucciones en el Interior (2008), su influyente posición en la renovación del arte saudí y, también, que grabó imágenes de torturas por parte de la policía religiosa del régimen. 

Durante el proceso, se ignoró su derecho a disponer de un abogado, y el juez ni siquiera habló con él. Las discriminaciones y el maltrato procesal son habituales en Arabia Saudí con los refugiados palestinos como Fayad.

Riad ha aplicado la pena capital a más de 151 personas este año, la mayoría por decapitación, convirtiéndose en uno de los mayores ejecutores a nivel mundial.

Bajo la ley saudí, la apostasía puede ser castigada con pena de muerte, y varias personas han sido ejecutadas por acusaciones de brujería.














FIRMAR LA PETICIÓN PARA SALVAR LA VIDA DEL POETA ASCHRAF  FAYAD:

Signez la pétition : 



Amnesty International: Save the palestinian poet and artist Ashraf Fayadh

domingo, 8 de marzo de 2015

El Poder de los Vestidos / Oliver Twist

Compartimos unas pocas y magistrales líneas de Charles Dickens, espigadas de Las Aventuras de Oliver Twist (traducción de José Méndez Herrera), correspondientes al final del capítulo Que trata del lugar donde nació Oliver Twist y de las circunstancias que concurrieron en su nacimiento:
«¡Qué excelente ejemplo, el joven Oliver Twist, del poder de los vestidos! Liado en la colcha que hasta este momento fuera su único abrigo, lo mismo podría haber sido el hijo de un noble que el de un mendigo; difícil le hubiera sido al más soberbio desconocido asignarle su puesto adecuado en la sociedad. Mas ahora, envuelto ya en las viejas ropas de percal, amarillentas de tanto uso, quedó clasificado y rotulado, y al instante ocupó su debido lugar: era el hijo de la parroquia, el hospiciano huérfano, el galopín humilde y famélico que ha de ser abofeteado y tundido a su paso por el mundo, despreciado por todos y por nadie compadecido. Oliver lloraba con fuerza; mas si hubiera podido saber que era un huérfano a merced de las indulgentes gracias de capilleros y limosneros, acaso hubiera llorado mucho más.»

viernes, 13 de febrero de 2015

Salutación a la Diosa Madre - Apuleyo


Algunas líneas de La Metamorfosis o El Asno de Oro de Lucio Apuleyo en traducción atribuida a D. Diego López de Cortegana (Sevilla, 1500). Espigamos: la Salutación de Apuleyo de la Diosa Madre y la Respuesta de la Diosa Madre.

Salutación de Apuleyo, aún metamorfoseado en asno:

«¡Oh reina del cielo! Ahora tú seas aquella santa Ceres, madre primera de los panes, que te alegraste cuando te halló tu hija, y quitado el manjar bestial antiguo de las bellotas, mostraste manjar deleitoso, que moras y estás en las tierras de Atenas; o ahora tú seas aquella Venus celestial, que en el principio del mundo juntaste la diversidad de los linajes, engendrando amor entre ellos y, acrecentando el género humano con perpetuo linaje, eres honrada en el templo sagrado de Paphos, cercado de la mar; o ahora tú seas hermana del Sol, que con tus medicinas, amansando y recreando el parto de las mujeres preñadas, criaste tantas gentes, y ahora eres adorada en el magnífico templo de Efeso; o ahora tú seas aquella temerosa Proserpina a quien sacrifican con aullidos de noche y que comprimes las fantasmas con tu forma de tres caras, y refrenándote de los encerramientos de la tierra, andas por diversas montañas y arboledas y eres sacrificada y adorada por diversas maneras; tú alumbras todas las ciudades del mundo con ésta tu claridad mujeril, y criando las simientes alegres con tus húmidos rayos, dispensas tu lumbre incierta con las vueltas y rodeos del Sol; por cualquier nombre, o por cualquier rito, o cualquier gesto y cara que sea lícito llamarte, tú, señora, socorre y ayuda ahora a mis extremas angustias. Tú levanta mi caída fortuna, tú da paz y reposo a los acaecimientos crueles por mí pasados y sufridos; basten ya asimismo los peligros, y quita esta cara maldita y terrible de asno, y tórname a mi Lucio y a la presencia y vista de los míos; y si, por ventura, algún dios yo he enojado y me aprieta con crueldad inexorable, consienta al menos que muera, pues que no me conviene que viva en esta manera.»

Respuesta de la Diosa Madre: Ceres Antigua, Venus Pafia, Diana, Minerva, Hécate, Isis:

«-Heme aquí do vengo conmovida por tus ruegos, ¡oh Lucio!; sepas que yo soy Madre y Natura de todas las cosas, señora de todos los elementos, principio y generación de los siglos, la mayor de los dioses y reina de todos los difuntos, primera y única gola de todos los dioses y diosas del cielo, que dispenso con mi poder y mando las alturas resplandecientes del cielo, y las aguas saludables de la mar, y los secretos lloros del infierno. A mí sola y una diosa honra y sacrifica todo el mundo, en muchas maneras de nombres.
De aquí, los troyanos, que fueron los primeros que nacieron en el mundo, me llaman Pesinuntica, madre de los dioses. De aquí asimismo los atenienses, naturales y allí nacidos, me llaman Minerva cecrópea, y también los de Chipre, que moran cerca de la mar, me nombran Venus Pafia. Los arqueros y sagitarios de Creta, Diana. Los sicilianos de tres lenguas me llaman Proserpina. Los eleusinos, la diosa Ceres antigua. Otros me llaman Juno, otros Bellona, otros Hecates, otros Ranusia. Los etíopes, ilustrados de los hirvientes rayos del sol, cuando nace, y los arrios y egipcios, poderosos y sabios, donde nació toda la doctrina, cuando me honran y sacrifican con mis propios ritos y ceremonias, me llaman mi verdadero nombre, que es la reina Isis. Habiendo merced de tu desastrado caso y desdicha, vengo en persona a favorecerte y ayudarte; por eso deja ya estos lloros y lamentaciones; aparta de ti toda tristeza y fatiga, que ya por mi providencia es llegado el día saludable para ti. Así que, con mucha solicitud y diligencia, entiende y cumple lo que te mandare.»

Salutación a Venus de Tito Lucrecio Caro en De Rerum Natura

Salutación a Venus de Tito Lucrecio Caro en  De Rerum Natura, traducción de D. José Marchena (Madrid, 1918).

Engendradora del romano pueblo,
Placer de hombres y dioses, alma Venus:
Debajo de la bóveda del cielo,
Por do giran los astros resbalando,
Haces poblado el mar, que lleva naves,
Y las tierras fructíferas fecundas;
Por ti todo animal es concebido
Y a la lumbre del sol abre sus ojos;
De ti, diosa, de ti los vientos huyen;
Cuando tú llegas, huyen los nublados;
Te da suaves flores varia tierra;
Las llanuras del mar contigo ríen,
Y brilla en larga luz el claro cielo.
Al punto que galana primavera
La faz descubre, y su fecundo aliento
Robustece Favorito desatado,
Primero las ligeras aves cantan
Tu bienvenida, diosa, porque al plinto
Con el amor sus pechos traspasaste:
En el momento por alegres prados
Retozan los ganados encendidos,
Y atraviesan la rápida corriente:
Prendidos del hechizo de tus gracias
Mueren todos los seres por seguirte
Hacia do quieres, diosa, conducirlos;
Por último, en los mares y en las sierras,
Y en los bosques frondosos de las aves,
Y en medio de los ríos desbordados,
Y en medio de los campos que verdecen,
El blando amor metiendo por sus pechos,
Haces que las especies se propaguen.
Pues como seas tú la soberana
De la Naturaleza, y por ti sola
Todos los seres ven la luz del día,
Y no hay sin ti contento ni belleza,
Vivamente deseo me acompañes
En el poema que escribir intento
De la Naturaleza de las cosas

sábado, 7 de febrero de 2015

El Zapato de Zapata

Llega de luto la madrugada.
Están más distantes y calladas
las estrellas y las nubes.
Vamos al alba
sin los Zapatazos de Pedro León Zapata.
Un recuerdo se posa en el hombro como un pájaro:
Siendo menos que un  niño,
Zapata accidentalmente me pisó con su zapato.
Estaba en el Museo de Arte Coro,
o para ser más preciso: entre la calle y el Museo,
a medio camino de la luz y la sombra.
Primero veo el enorme zapato lustroso y negro,
escalo con la mirada la larga anatomía vertical de Zapata
hasta la sonrisa de media Luna en su rostro.
Me dice con voz de viento en los páramos andinos,
desde azules y frailejones:
Disculpe”.
Y Zapata quitó su zapato de mi pie adolescente.
De alguna forma, secreta y obscura,
sentí que me habían investido caballero…

El caricaturista, humorista, escritor y pintor venezolano Pedro León Zapata falleció la madrugada de este viernes, informó su esposa, Mara Comerlati. El autor de los “Zapatazos” murió a los 85 años. El escritor Leonardo Padrón y el presidente-editor del diario El Nacional, Miguel Henrique Otero, expresaron a través de Twitter su pesar por el fallecimiento de Zapata: 
“Una noticia tristísima. Falleció nuestro genial y entrañable Zapata, el maestro de la caricatura.”
— Leonardo Padrón (@Leonardo_Padron)
“Lamentamos la perdida física del gran caricaturista y amigo Pedro León Zapata.”
— Miguel H Otero (@miguelhotero)
Pedro León Zapata fue un caricaturista venezolano nacido en La Grita, estado Táchira, el 27 de febrero de 1929.
Hijo de un militar, el coronel León José Zapata, y de María de Lourdes Monroy, completó sus estudios de bachillerato en el Liceo San José de Los Teques, para pasar en 1945 a perfeccionar sus dotes artísticas en la Escuela de Artes Plásticas.
Zapata se desarrolló durante toda su vida en las disciplinas del arte, como la pintura, el humor, y la escritura.
En 1947 pasó a formar parte del Taller La Barraca de Maripérez. En este expone sus primeros trabajos y comienza su labor de caricaturista.  A finales de 1947, viaja a México donde cursa estudios en el Instituto Politécnico Nacional de México, en la Escuela de La Esmeralda y en el taller de Siqueiros.
Su carrera como docente comenzó en 1958 en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela y la Escuela de Artes Plásticas Cristóbal Rojas. Fue el coordinador de la Cátedra Libre de Humorismo Aquiles Nazoa (1979) en la UCV.
Desde 1965 Pedro León Zapata comienza su carrera como caricaturista en el diario El Nacional, labor que jamás ha sido interrumpida por el artista. En este diario su columna ha sido titulada Zapatazos.
En la década  de los 1980, tuvo la oportunidad de trabajar con grandes figuras como Simón Díaz, Salvador Garmendia, Luis Britto García, Elisa Lerner y Rubén Monasterios en la revista El Sádico Ilustrado.
En su trayectoria profesional, diseñó portadas de discos para importantes artistas, entre ellos el recordado Simón Díaz.
Zapata es el autor del mural de cerámica titulado Conductores de Venezuela (1999), de más de 1.500 metros cuadrados de superficie, 150 metros de largo por 11,5 de alto, está compuesto por 40.000 lozas de 20×20 centímetros en  la autopista Francisco Fajardo a la altura de Plaza Venezuela.
Premios
Zapata ha acumulado una innumerable cantidad de premios en su larga trayectoria. Algunos de ellos son: Premio Nacional de Periodismo en 1967, dos Premios Municipales en 1974 y 1978, y el Premio Nacional de Artes Plásticas en el año 1980.
Libros
Este tachirense no sólo será recordando por su controversial sátira política, sino por una serie de libros que salieron de su pluma, algunos de ellos son: Zapatazos, ¿Quién es Zapata?, Zapata vs. Pinochet, Lo menos malo de Pedro León Zapata, Zapatazos por Uruguay, Zapata Absolutamente en Serio, Caracas, Monte y Culebra, Breve Crónica de lo Cotidiano, Los Gómez de Zapata, De la A de Arte a la Z de Zapata.

domingo, 28 de diciembre de 2014

Regalando o Negociando Estrellas

Mientras navegaba a la deriva en el ciberespacio, reuniendo materiales diversos del naufragio informático para un seminario sobre la Muerte que dictaré en marzo de 2015 (si estoy vivo): Elegías, Epitafios, Acrósticos, Obituarios y otros Paseos Literarios por los Campos de la Muerte, fui a encallar  en la página de Global Star RegistryTM. En el encabezado, puede leerse: “Dé nombre a una estrella. El regalo perfecto para cada ocasión.” Pensé como el príncipe Hamlet: “algo huele mal en Dinamarca”. Y me dispuse cautamente a buscar la trampa.  Ellos venden un “kit estelar” (lindo nombre) que comprende, cito textualmente: su certificado de estrella, mapa celeste, colgante grabado (bañado en oro o plata) con la constelación y las coordenadas (parecido a las placas de identificación de los militares). Evidentemente, no venden estrellas. No soy tan cínico como parezco a primera, incluso a segunda vista y si alguien tuviese la imprudencia de regalarme el “kit estelar”, archivaría el mapa, enmarcaría el certificado y me pondría -según la ocasión- el colgante grabado.
Ello me hizo recordar con melancolía (según  Longfellow, la melancolía es “un deseo sin nada de dolor, parecido a la tristeza en la misma medida en que la niebla se parece a la lluvia.”) aquellos días cuando el cuerpo comenzaba a burbujear con espasmos hormonales de testosterona y lobunamente salía en las noches corianas a dar rienda suelta a los impulsos juveniles. Y como estaba tempranamente corrompido con las canciones de Los Terrícolas, El Punto Sur y Los Ángeles Negros (todos melifluos y agridulces baladistas que aún acompañan mis juergas non sanctas) y había leído a  Goethe, a Pérez Bonalde, a Neruda, y pretendía emular al Cyrano de Bergerac de Edmond Rostand, en consecuencia la emprendía a regalar estrellas a diestra y siniestra, tantas como bellezas arrebatarán el corazón en estro. Nuda veritas (la verdad desnuda), sólo costaban las mentitas románticas que las acompañaban. No recuerdo ninguna de las estrellas regaladas entonces, incluso olvidé los nombres y los rostros (recuerdo vagamente partes de la anatomía) de aquellas bellezas a quienes les regalé los astros. El olvido es un mecanismo de defensa psicológico.
En contraste con aquellos días hogaño marchitos, con la creciente contaminación lumínica cada vez es más difícil ver una solitaria estrella en nuestras cada vez más abrumadoras ciudades. Ponerse a ver el cielo nocturno y señalárselo a una belleza es cuanto menos una imprudencia cuasi criminal consigo mismo y con la compañera. En el cielo nocturno de Coro de fines de año, podemos apreciar con cierta dificultad la constelación de Orión y se necesita paciencia para otear el fantasma brumoso de Las Pléyades. Volviendo al negocio de “vender estrellas”, leí en la sección de preguntas frecuentes de los comerciantes siderales, estas respuestas que me dejaron plagado de preguntas infrecuentes:
¿Hacen ustedes descuentos a compras de grandes cantidades?
 Sí, contamos con un programa de descuentos por compras de grandes cantidades. Cada Estuche de Estrella incluye su propia estrella única. Si está usted contemplando un proyecto que le gustaría someter a nuestra consideración, por favor envíenos los detalles a… (aquí la dirección de correo).

¿Será utilizado por los astrónomos el nombre de mi estrella?
No. Los científicos utilizan coordenadas astronómicas para identificar y ubicar las estrellas. No es posible poseer realmente un objeto estelar, pues nadie [o todo el mundo, según sea su punto de vista sobre el tema], tiene derecho de propiedad sobre ellos. Las estrellas son, en esencia, enormes esferas de gas incandescente situadas a billones de kilómetros de nosotros, ¡así que el derecho de propiedad sobre ellas no resulta viable en ningún caso!

¿Mi estrella será mía exclusivamente?
Por completo. Los nombres de las estrellas serán archivados y registrados solo una vez. El nombre de la estrella se archivará en la Bóveda de Inscripciones y se anotará en un libro inscrito en las oficinas de la propiedad intelectual de los Estados Unidos de América.

Los  énfasis en los posesivos son míos.  En búsqueda de sabiduría, abrí El Principito de mi admirado Antoine de Saint-Exupéry y leí en el capítulo XIII, cuando el Principito llega al cuarto planeta, ocupado por un hombre de negocios, quien define las estrellas como “Millones de esas pequeñas cosas que algunas veces se ven en el cielo…Unas cositas doradas que hacen soñar a los holgazanes. ¡Yo soy un hombre serio y no tengo tiempo de soñar!” El hombre de negocios poseía quinientos un millones seiscientos veintidós mil setecientos treinta y una estrellas; lo sabía bien porque era “un hombre serio y exacto”. “¿Y qué haces con las estrellas?”, preguntó el Principito. A lo que respondió: “Nada. Las tengo.” Al cabo del tenaz interrogatorio del Principito, el hombre de negocios precisó: “Las administro. Las cuento y las recuento una y otra vez. Es algo difícil. ¡Pero yo soy un hombre serio!” Cuando el hombre de negocios dijo al Principito que colocaría las estrellas en un banco mediante el expediente de escribir en un papel el número de estrellas que tenía y guardaría bajo llave en un cajón ese papel, sabiamente el Principito concluyó para sí: “Es divertido y bastante poético. Pero eso no es serio.” Y le dijo a manera de despedida: “tú no le eres nada útil a las estrellas.”