jueves, 23 de junio de 2011

Patrimonio Vivo: “La Camachera” Participa en Encuentro Nacional de Danza y Tambor


La leyenda viviente del folklore regional, Olga Camacho y su agrupación, La Camachera, viajan al Encuentro Nacional de Danza y Tambor, en homenaje a la artista, a realizarse en Puerto La Cruz. Indicó la también Patrimonio Cultural de la entidad, que a propósito de las tradicionales fiestas en honor a San Juan Bautista, este próximo viernes 24 de junio, Olga Camacho y su Camachera se trasladarán al oriente venezolano, a objeto de recibir un nuevo reconocimiento, el cual ella misma cataloga como muy importante por tratarse de las emblemáticas fiestas donde el tambor manda. La gobernación del estado Falcón facilitará un vehículo en el que viajarán las 22 personas que conforman el grupo, una de las principales peticiones que hace la artista a las autoridades, “de modo de no perder tantos viajes y desaprovechar invitaciones”, habida cuenta de no contar con un vehículo propio donde movilizarse. Olga Camacho manifestó sentirse agradecida y con más fuerza que nunca para seguir adelante, enalteciendo a Falcón y su cultura, labor incansable que le ha valido innumerables homenajes y reconocimientos, además de, a sus 83 años, ser para todas y todos la auténtica reina del tambor coriano.

Fuente: Notifalcón.com-ORI

miércoles, 22 de junio de 2011

Primer Foro Regional de Antropología, Arqueología y Paleontología, Homenaje a J. M. Cruxent y Claude Lévi-Strauss, Mérida- Venezuela, 2011.


Museo Arqueológico, GRIAL, Universidad de los Andes, Mérida
26-27 de septiembre de 2011

Como homenaje a estos dos grandes “maestros para pensar”, uno que dedicó su vida a la arqueología venezolana y caribeña, que sentó las primeras bases de los estudios arqueológicos en nuestro país por lo cual es reconocido como “el padre de la arqueología venezolana”, aunque realizó trabajos de investigación también en el Caribe insular, especialmente en la República Dominicana, y fue un ejemplo en cuanto a la protección de nuestro patrimonio y a la importancia dada a las culturas indígenas venezolanas. El segundo, que revolucionó la metodología antropológica a la cual aportó muchas soluciones, especialmente en relación con los estudios de parentesco y familia, la etnografía, los sistemas lógicos, la mitología, dedicando la mayoría de sus obras a esta última, la cual se inspiró sobre todo en los mitos sur y norteamericanos, que le sirvieron para establecer una estructura universal y una metodología compleja; en homenaje entonces a ambos la característica de este foro será el aporte actual de los jóvenes de nuestro país a la investigación en las distintas ramas de la antropología, por lo cual se invitará a las nuevas generaciones a mostrar lo que están haciendo en este sentido.

Organizadores: Profesora Jacqueline Clarac y la nueva Cohorte de estudiantes del Doctorado en Antropología, ULA, Mérida.

Invitados(as) especiales:

Dra. Nelly García Gavidia (LUZ, Maracaibo),

Dra. Fanny Ladino (UNELLEZ, Barinas),

Mgs. Sc. Camilo Morón (UNEFM, Coro),

Carlos Eduardo Contreras Rujano, estudiante de Bachillerato (Barinas),

Grupo de 2do. Año de Bachillerato (Liceo de Chiguará, Mérida),

Jesús Rivas Rondón (Pre-Escolar, Escuela de Belén, Mérida).

PROGRAMA:

Viernes 26 de septiembre

8.30 am: Charla-foro “La Piedra y su Palabra: Contribuciones de Cuatro Décadas de J. M. Cruxent al Estudio y Valoración del Arte Rupestre Venezolano”
Historiador-Etnólogo Prof. Mgs. Sc. Camilo Morón (UNEFM, Coro.

9.30 am: Charla-foro: “Aportes de Claude Lévi-Strauss a la Antropología Americana”
Antropóloga Prof. Jacqueline Clarac (Museo Arqueológico, GRIAL, ULA, Mérida).

10.30: Receso-café o té.

11 am: Visita guiada del Museo Arqueológico (sala de exposición, laboratorio arqueológico, paleontológico y palinológico- laboratorio de restauración-conservación)

2.30 a 6 pm: 4 ponencias de investigación de estudiantes de Maestría o del Doctorado, más la ponencia: “Tras la huella de José María Cruxent”, autor: Carlos Eduardo Contreras Rujano, miembro de la Fundación Patrimonio Barinés y estudiante de 1er. Año de bachillerato.

(Los títulos de las ponencias serán escogidos entre los primeros resúmenes que lleguen a nuestro correo electrónico y serán difundidos después. Fecha límite para inscribirlas: 21 de julio de 2011. Tamaño límite de los resúmenes: Media página. Tiempo límite de exposición: 20 minutos, seguidos de 10 minutos de discusión para cada ponencia).

Sábado 27 de septiembre

8.30 a 10.30 am: Presentación de 4 proyectos de investigación de estudiantes de Maestría o de Doctorado (los primeros en ser ofrecidos y aprobados. Deberán inscribirse hasta el 21 de julio de 2011. Tiempo límite de exposición: 20 minutos, seguidos de 10 minutos de discusión)

10.30: receso-café o té.

10.45 am a 11.15 am: Ponencia de 2 niños del Pre-Escolar El Vallecito, Mérida: Jesús Rivas Rondón y Fernando Arias: “Los Dinosaurios, cómo estudiarlos cuando se está en Pre-Escolar”

11.15 a 11.45 am: Ponencia de un grupo de jóvenes investigadores de 2do. Año de bachillerato, Liceo de Chiguará, Mérida, sobre el yacimiento paleontológico y paleoraqueológico del Llano del Anís

2pm: Salida hacia el Llano del Anís, para visitar el yacimiento paleontológico y paleoarqueológico.

(Si se anuncia lluvia para la tarde del sábado, haremos el programa del sábado al revés: Visita del yacimiento por la mañana, ponencias por la tarde.

Fuente: Comunicación de la Dra. Jacqueline Clarac.

lunes, 20 de junio de 2011

Coro Necesita Cultura de Patrimonio

Noticia publicada en El UCABISTA 2.0 / 04 Mayo, 2011

La capital de Falcón, baluarte de la historia venezolana y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, se ha deteriorado en los últimos años a causa del olvido del Estado y la desinformación de la población


Las estampas de edificios coloniales conviven entre carros novedosos, y el sol que hoy acalora a los corianos de a jean es el mismo que azotaba a las familias de antaño. Es muy fácil pasear en Coro y perderse en sus fantasmas, su pasado, su magia, mirar a los lados e imaginar, por ejemplo, a alguna Arcaya batiendo sus abanicos, el lento caminar de un sacerdote español o la presencia de un hombre bigotudo que porta una espada o que carga un baúl.
Los más de 500 años de historia de la primera ciudad europea en Venezuela la convierten en un tesoro para el país, y la mezcla de estilos arquitectónicos en el casco histórico de Coro y La Vela les valió la calificación de Patrimonio Cultural de la Humanidad. Sin embargo, la mala gestión de entidades responsables, la desinformación de la población y los azotes de la naturaleza han causado estragos en la entidad y han convertido al bastión histórico en un órgano que late herido y lucha por conservarse entre estructuras afectadas y fachadas recién pintadas.

Esta historia no es de barro

El 26 de julio 1527, el español Juan de Ampíes emprendió la fundación de la hoy capital del estado Falcón, llamada en su momento Santa Ana de Coro.
Con el tiempo, la ciudad se convirtió en un centro estratégico de comercio entre Venezuela e islas de dominio holandés. Esta dinámica social produjo la construcción de residencias cuyo estilo sería descrito como “una de las mejores muestras de arquitectura caribeña de la segunda mitad del siglo XVIII, en la cual conviven valores formales, volumétricos y espaciales de las influencias españolas con las antillano-holandesas y con las técnicas y materiales locales”, según la obra Escuchar al monumento del arquitecto Graziano Gasparini
Basado en estos preceptos y no en el mito urbano de la importancia del barro, el 9 de diciembre de 1993, en una reunión celebrada en Cartagena, Colombia, Coro y su puerto recibieron el nombramiento de Patrimonio Cultural y el Estado venezolano aceptó las condiciones de mantenimiento de un legado que desde entonces pertenece a toda la humanidad.

Las dolencias de la joya histórica

Varios expertos coinciden en que, a pesar de su belleza, la ciudad que celebró su inclusión hace diecisiete años no es la misma en la que hoy pasean corianos y turistas. Luego de la visita de una comisión de la Unesco en 2005, el casco histórico de Coro fue incluido en la lista de Patrimonios en Peligro porque “había un serio deterioro de materiales, estructuras, coherencia arquitectónica y urbana y una significativa pérdida de autenticidad e integridad (…) El sitio Patrimonio de la Humanidad no era manejado como una entidad integrada y no había plan de manejo”.

El arquitecto Nicolás Akirov, ex director del Instituto Municipal de Patrimonio en el municipio Miranda de Coro, asegura que este deterioro responde a cuatro causas principales: La mala interpretación de las ordenanzas de construcción y conservación, las intervenciones desafortunadas en construcciones de valor patrimonial, la subdivisión de viviendas para transformarlas en comercios, las fuertes lluvias y, sobre todo, la poca educación sobre el valor del patrimonio.

En relación con las ordenanzas, el director del Museo Diocesano de Coro, padre Numa Rivero, sostiene que, desde su inclusión, Coro ha necesitado un sistema de estatutos que posea “sustentación jurídica y un andamiaje más conceptual que numérico”. Expresa que por esta ausencia aparecen constantemente elementos discordantes con la estética y el estilo arquitectónico en el casco colonial de Coro, como, por ejemplo, la oleada de transformación de casas en locales comerciales.

La mezcla desafortunada de técnicas en la reconstrucción de calles y casas es también un factor controversial sobre el patrimonio, que resulta del uso del cemento en la reparación de edificios de barro. Esta situación es condenada por unos, dado el peso del material, y aplaudida por quienes sostienen que el cemento garantizaría la estabilidad de los inmuebles.
Ahora bien, la debilidad actual de las estructuras, producto de la falta de mantenimiento y del olvido de los propietarios y de la gobernación, también han dejado expuestas a estas edificaciones frente a los desastres naturales. Las lluvias de diciembre de 2010 desplomaron un aproximado de 40 casas. Gasparini atribuye estas caídas a la poca tendencia a aprender del pasado: “Esto ya había ocurrido en 1999, con aquellas lluvias cayeron casi 60 casas”.

Llegado a este punto, surge que una de las principales condiciones que han influido en el deterioro de Coro y su puerto es la falta de sentido de pertenencia de los propios residentes.
En un intento de analizar los motivos por los cuales el propio pueblo parece olvidar la valía del patrimonio, Akirov reflexiona: “A veces los propietarios se sienten disminuidos por residir en estas casas coloniales, se sienten atrasados en la tecnología. Además, remodelan sin pensar que ese, que es su hogar, tiene un valor universal”.

Tras la situación crítica de diciembre, el Instituto de Patrimonio Cultural (IPC) ha vuelto su mirada hacia Coro, y la población espera ansiosa el surgimiento de proyectos exitosos en la reconstrucción de esta joya cultural de la historia venezolana.

Una visión de contraste

Entre el 17 y el 21 de febrero arribó al país una comisión de la Unesco que monitoreó el estado del patrimonio. La página web del Instituto de Patrimonio Cultural informa que Luis Fernando Guerrero, delegado del organismo internacional, declaró: “Es sorprendente ver el buen estado en que se encuentran las calles, las casas, las estructuras, pero sobre todo la organización comunitaria”.

María Gabriela Fernández B.

Manaure en Todariquiba.I.



En el geografía falconiana florecen los topónimos indígenas: Judibana, Adícora, Mitare, Guaibacoa, Capatárida, Cabure, Murucusa, Quitaragua, Jacura, Taratara, Taimataima, Carayapa, Misaray. Otras voces indígenas se mueven en las aletas, las patas y las alas de los animales: cacuro, guasarapo, cazón, corobu, danta, jaguar, zamuro, chuchuve, guacoa, tuqueque, visure. Otras voces susurran en el follaje de las plantas y amenazan desde sus espinas y seducen desde el aroma de sus flores y el azúcar de sus frutos: guasábara, cují, yabo, guay, cotoperí, dato, araguaney, cajuaro, maguey, dividive, buche. Y otras voces amerindias nos hablan desde el cauce del tiempo: Manaure, Diao, Curiana, Bacoa, Todariquiba.
Leemos en el Diccionario de Historia de Venezuela (Tomo III): “Vivía [Manaure] en un poblado grande llamado Todariquiba situado posiblemente en las cercanías de la actual Sabaneta, a orillas del río Mitare, de donde se trasladó a Coro a partir de su fundación [1527], por lo que recibió el nombre de Pueblo Viejo.” La verdad es que no se sabe a ciencia cierta dónde estaba Todariquiba; arqueólogos e investigadores como J. M. Cruxent, Octavio R. Petit, Rafael Sánchez, Nelson Matheus, Adrián Hernández Baño, José Manuel Trujillo, la han buscado en documentos coloniales y en fatigosas jornadas de trabajo de campo. Mejor suerte han tenido los pintores y los poetas quienes la han dibujado y cantado llevados por el instinto telúrico de su sola fantasía y así han llegado a esa Utopía que es Todariquiba.
En un documento dirigido a la Audiencia de Santo Domingo, fechado el 6 de octubre de 1533, Antonio de Naveros y Alonso Vásquez de Acuña, vecinos españoles asentados en Santa Ana de Coro, declaran al Rey: “Un cacique que llaman Don Martín en cristiano y Manaure en su lengua de caquetío que es el más principal indio que se ha a hallado en lo que hasta aquí se ha descubierto en esta provincia, de lo que al presente tenemos noticias es cacique de esta comarca a quien obedecían caciques y principales y todos los indios caquetíos de sesenta leguas alrededor de este pueblo residía y tenía su asiento una legua de esta cuidad [Santa Ana de Coro] en un pueblo que se llama Todariquiba.” Según reza el mismo documento, hacia 1531 o 1532, Manaure es llevado por los caquetíos lejos de los desmanes de los europeos invasores para adentrarse desde entonces en la geografía mítica y en la leyenda.
¿Qué patrón arqueológico debe tener un yacimiento para que pueda ser reconocido como la ancestral Todariquiba? Los documentos históricos nos revelan que era un prospero asentamiento indígena para el siglo XVI; según estos mismo documentos, debe estar en un perímetro de una legua española dentro de un círculo cuyo centro es la Santa Ana de Coro de la época en que escriben Naveros y Vásquez de Acuña a la Audiencia de Santo Domingo. Literalmente, estar tapizada de fragmentos de cerámica indígena, como que era el asiento del poder de cuanto menos “sesenta leguas alrededor” y, el rasgo más característico, ha de mostrar una secuencia estratigráfica del yacimiento determinada por un floreciente estilo Dabajuroide bruscamente interrumpido en un estrato donde se conjuga cerámica indígena con mayólica europea; y dado que el poblado fue abandonado hacia 1532 o 1533, la cerámica ulterior del período Indo-Hispáno ha de ser menos frecuente.
Octavio R. Petit creyó encontrar la ancestral Todariquiba hacia los Médanos de Coro, donde hoy está la Plaza de la Madre; Hernández Baño la supuso hacia los lados de Sabaneta. Pero hay una dificultad: ambos yacimientos se comportan tal y como debiese hacerlo Todariquiba por lo que conocemos a partir de los documentos históricos y por el patrón arqueológico que hemos descrito antes. Y como bien apuntan Cruxent y Rouse en Arqueología Venezolana: “Sin lugar a dudas, la serie Dabajuroide ocupa la máxima extensión, tanto en el espacio como en el tiempo, de todas las series venezolanas:” La serie perduró durante cuatro milenios, originándose hacia el 2.820 a.C., desde los inicios de la época Meso-India, extendiéndose a través de toda la época Neo-India y perduró hasta los tiempos Indo-Hispánicos. Entre sus puntos más distantes, el área de San Cristóbal en Los Andes venezolanos y la isla de Margarita en el área de Porlamar, la serie Dabajuroide cubre una distancia aproximada de 1.300 kilómetros siguiendo la línea de la costa.

Mgs. Sc. Camilo Morón
Profesor UNEFM

Manaure en Todariquiba. II.



De la prestancia y poderío del Diao Manaure dan magnifica cuenta los viajeros, los cronistas y ese cantor de gesta de la Conquista que fue Juan de Castellanos. La memoria colectiva recoge el nombre de Manaure y lo extiende en la geografía del Caribe, Venezuela y Colombia. Pero, a decir verdad, tras su nombre se oculta un enigma. Hacia 1944, escribe Gilberto Antolínez: “¿Encierra la palabra Manaure un denso sentido? Ahora lo veremos. Podemos descomponerla en las siguientes raíces: 1) Ma: grande, elevado; 2) Na: propuesto; 3) Hu: alto, elevado; 4) Ra: rito; en síntesis: el que ha sido propuesto al alto rito. Habría otra manera que sería la siguiente: 1) Ma: grande; 2) Na: propuesto; 3) Hu: elevado, alto; 4) Ra: procedencia; o sea: propuesto por su alta procedencia. En realidad lo que la historia nos dice de Manaure concierta con estas significaciones.” De modo que Manaure viene a ser “el jefe Supremo de los Sacerdotes y Médicos-Magos”.
¿Qué nos dicen las palabras indígenas de la morada de Manaure? El topónimo Todariquiba podemos analizarlo en virtud a lo que conocemos del idioma caquetío: Cuiba, Cuiva o Kiba, según Pedro Manuel Arcaya, quien consigna una tradición paraguanera, significa Piedra. Así Yabuquiba sería yabo en piedra o yabal pedregoso; Jadacaquiva: jajato en piedra o jajato pedregoso; en ambos topónimos la primera parte nombra plantas xerófitas. Las Aguas Termales de la Cuiba o Aguas Termales de la Kiba –Aguas Termales de la Piedra– sería topónimo que describe muy ajustadamente la naturaleza calcárea de la fuente de la que manan estas aguas. Recuerda Arcaya que Ciba, según el Padre las Casas –lo mismo consigna Arístides Rojas en Estudios Indígenas– significaba Piedra en la lengua de los indígenas de La Española, de donde Cibao equivale a pedregal. En Coro quedó la tradición, consignada por Arcaya, de que en el desaparecido idioma caquetío, la terminación bacoa, agregada, como generalmente se encuentra a nombres indígenas de árboles y frutos para formar nombres de lugares, indicaba el grosor, el gran tamaño, la abundancia, de las frutas que el lugar producía el referido árbol o el gran número de éste. Frecuentemente la encontramos en el occidente de Venezuela: Coquibacoa, Buchivacoa, Datobacoa, Guaibacoa, Cusubacoa, Tutubacoa, Guambacoa. Buchibacoa: lugar abundante en buches, o lugar de gruesos buches; Datobacoa: lugar abundante en datos –fruto del cardón–, o lugar de grandes datos; Cusubacoa: sitio abundante en cusucas –fruta silvestre–; Guaibacoa: lugar abundante o de frondosos guays: –Ceiba (Bombax sp). Coquibacoa: la considera Arcaya palabra derivada de Quiquibacoa o Chichivacoa, como se escribió en la Crónicas, y significa lugar abundante en guamachos (nombre dado a varios árboles del género Pereskia, fam. de las cactáceas); o bien sitio abundante en dividives (Caesalpinia coriaria), según veamos en chichi la palabra wayuu siichi (guamacho) o el vocablo del mismo dialecto, ichi (dividive).15 Así, Todariquiba sería topónimo indígena formado a la manera de voces como Guaibacoa o Jadacaquiva, donde el radical “quiba” significa “piedra” o “pedregal” y la voz “todari” podría haber nombrado una planta o un recurso característico del lugar, como es frecuente en varios topónimos indígenas en las lenguas aglutinantes.

Mgs. Sc. Camilo Morón
Profesor UNEFM